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El Incidente Roswell

 

En1947, Estados Unidos anunció el hallazgo de un platillo volador cerca de Roswell, Nuevo México. Horas después lo desmintió. ¿Qué hay detrás de esta historia?

   
 
Titulares del Roswel Daily Record dondo la noticia de la captura de un platillo volante en un rancho de Roswell.

Los titulares eran espectaculares: «La RAAF captura un platillo volador en un rancho de Roswell», “El Ejército declara que ha encontrado un disco volador”, “El Ejército encuentra un platillo volador en un rancho de Nuevo México”. El 8 de julio de 1947, el oficial de prensa de la base de las Fuerzas Aéreas estadounidenses en Roswell (Roswell Army Air Field, RAAF) había lanzado la noticia más importante del siglo.

La primicia se divulgó al mediodía, hora de Nuevo México, y debido a las diferencias horarias en EE UU llegó tarde a la mayoría de los periódicos de la mañana, pero apareció en algunos vespertinos. La nota de prensa inicial fue ampliada por la base aérea, y tanto la oficina del sheriff como los periódicos locales fueron asediados por una ansiosa opinión pública. De pronto, en medio de tanta expectación, el Ejército cambió su versión: no era un ovni, sino sólo un globo.

Los titulares del día siguiente daban por zanjada la historia: “La noticia sobre los platillos voladores pierde interés; el “disco” de Nuevo México es sólo un globo meteorológico”. Durante algunos días, en muchos periódicos aparecieron imágenes de los supuestos restos, y luego cesó la información sobre el incidente durante treinta años.

La historia del platillo accidentado habría permanecido ignorada de no haber sido por una conversación casual entre el físico nuclear Stanton Friedman y el director de una televisión de Luisiana. Un día de 1978, mientras esperaba para ser entrevistado acerca de sus trabajos sobre ovnis, Friedman entabló conversación con el director de la emisora, quien le dijo que debía hablar con un hombre llamado Jesse Marcel. “Cuando estuvo en el Ejército, Marcel llegó a tocar fragmentos de uno de esos platillos voladores. Ahora vive en Houma, Luisiana.”

Un Testigo Presencial

Base RAAF del 509, grupo de bombardeo, que en 1945 probó la primera bomba atómica. Se dice que allí estuvieron los restos del ovni estrellado.

Al día siguiente, Friedman se puso en contacto con Jesse Marcel, oficial de información de la RAAF cuando ocurrió el presunto accidente, cerca de Corona, a 120 km de Roswell. Marcel dijo que se le ordenó recoger los restos y entregarlos en Wright Field (Ohio), donde el Ejército almacenaba material capturado al enemigo. No recordaba las fechas exactas.

Mientras esto sucedía, el oficial de prensa, Walter Haut, anunciaba oficialmente la noticia, que sería desmentida ese mismo día afirmando que se trataba de un globo meteorológico.

El ufólogo William Moore, que colaboraba con Friedman, obtuvo el relato de un testigo que daba un marco temporal a los acontecimientos. En el primer número de Flying Saucer Review, la presentadora de televisión Hughie Green declaraba que, cerca de Filadelfia, escuchó en la radio del coche que el Ejército había recuperado un ovni. Trató de averiguar algo más sobre el caso, pero no lo consiguió. Aunque no fuera mucho, tenía una fecha: finales de junio o principios de julio de 1947.

Investigación En Profundidad

Moore encontró los periódicos del 8 de julio de 1947 que cubrían el suceso de Corona-Roswell. En los artículos aparecían las fechas y los nombres del ranchero, el sheriff y el personal de la RAAF. Friedman y Moore entrevistaron a 62 personas relacionadas con el acontecimiento, entre ellas Bill Brazel (hijo del ranchero que halló los restos), algunos vecinos -como Loretta Proctor- que incluso habían recogido piezas, y el hijo de Jesse Marcel.

Haut, el oficial de prensa que había dado a conocer la historia, aún vivía en Roswell, y gracias a su anuario se pudo localizar a otros testigos y obtener detalles del suceso. En 1986, Friedman y Moore ya habían entrevistado a 92 personas y publicado seis artículos. Friedman convenció a los productores de Misterios Sin Resolver de la conveniencia de emitir un reportaje sobre Roswell en su programa en la NBC-TV. En agosto de 1989, mientras filmaban en Roswell, Friedman conoció a Glenn Dennis, antiguo trabajador de la Funeraria Ballard, que prestaba sus servicios a la base aérea.

Por primera vez, Glenn mencionó las anomalías habidas en el hospital de la base en el verano de 1947. No sólo fue consultado sobre la manera de tratar “cuerpos pequeños”, sino que fue expulsado por la fuerza del hospital en su siguiente visita.

¿Tenían cuerpos de extraterrestres hallados en el lugar del accidente? Dennis así lo cree. Según dice, conoció a una enfermera de la base que le comentó que dos doctores habían practicado la autopsia a unos cadáveres “muy malolientes”. Según Dennis, esos cuerpos tenían la piel grisácea, cabezas grandes, hendiduras u orificios como nariz, orejas y boca, cuatro finos dedos, sin pulgar, y carecían de pelo. Después de varios encuentros con Dennis, la enfermera desapareció, en apariencia trasladada a Gran Bretaña, pero cuando trató de ponerse en contacto con ella sus cartas le fueron devueltas con el sello “Difunta”.

Esa emisión de Misterios sin resolver en septiembre de 1989, fue todo un éxito: fue vista por 28 millones de personas en EE UU. Le siguió una avalancha de libros, programas de TV y ataques de detractores. Por entonces, los investigadores se habían dividido en dos facciones: si bien ambas estaban de acuerdo en que se había estrellado un ovni en el rancho Foster, una, en la que figuraba el propio Friedman, creía que había ocurrido un segundo accidente, en San Agustín (Nuevo México).

¿Otro OVNI?

La teoría de un segundo accidente se basa sobre todo en los testimonios de dos testigos clave. El primero, Gerald Anderson, se puso en contacto con Friedman después de ver en 1990, la reposición del documental de Misterios sin resolver En aquella época, el otro testigo, Grady Barnett, había relatado su historia a dos amigos que posteriormente informaron a Friedman.

Ambos testigos contaron casi lo mismo: el descubrimiento de los cuerpos de extraterrestres en el lugar del platillo accidentado. Según Anderson, uno de los alienígenas había sobrevivido al aterrizaje forzoso. Entretanto, empero, Barnett había fallecido y la historia de Anderson no pudo ser contrastada. Muchos ufólogos no acaban de creer en el accidente de San Agustín.

Los hechos de Corona gozan de una mayor credibilidad. En la obra de Friedman “Crash At Corona”, escrita en colaboración con Don Berliner y publicada en 1992, se resuelven algunas de las incógnitas de la historia. Ahora sólo queda por ver qué puede dar de sí la desclasificación de la documentación oficial relativa al caso, ordenada en junio de 1997.

Roswell: La Historia Completa

Autopsia ET

El famoso vídeo de la autopsia a un extraterrestre tuvo mucha similitud con las descripciones que hicieron aquellos testigos que vieron los cuerpos en 1947.

La historia del accidente de Roswell empezó el 2 de julio de 1947, cuando Mac Brazel oyó una fuerte explosión en plena tormenta eléctrica.

A la mañana siguiente, Brazel, que era el administrador del rancho Foster, situado entre Roswell y la ciudad de Corona, salió a inspeccionar una bomba de agua. Por el camino descubrió una zona de un kilómetro de longitud sembrada de restos de un material que, cuando se doblaba, se volvía a enderezar espontáneamente.

También había trozos de lo que más tarde se vino a llamar las “viguetas en I”, que tenían grabados unos extraños símbolos de color azul lavanda. Esas viguetas eran tan livianas como la madera de balsa y no podían romperse ni quemarse.

El 6 de junio, Brazel volvió al lugar, cargó los restos que pudo en su vieja camioneta y los entregó al sheriff de Roswell, quien a su vez los mostró al comandante Marcel. Éste los examinó y comentó que eran de un material muy extraño y totalmente diferente a lo que había visto.

Como oficial de información de la única unidad de bombardeo atómico del mundo, el parecer de Marcel merecía cierta credibilidad. El jefe de la base de Roswell, William Blanchard, ordenó a Marcel y a Sheridan W. Cavitt, un oficial de contraespionaje, que acompañasen al ranchero hasta el lugar y recogiesen los restos.

En el siguiente archivo en formato .pdf (Adobe Acrobat Reader) podéis observar el teletipo que se envió a los distintos medios comunicando que un objeto discoidal se había estrellado en Roswell.

El Hallazgo

Ilustración del hallazgo del platillo volante y de los cuerpos alienígenas.

En su libro “Crash At Corona”, Friedman recoge el testimonio de Marcel: “Los restos estaban esparcidos por una superficie inmensa. No eran de algo que se hubiese estrellado o hubiese estallado al chocar con el suelo. Eran de algo que explotó mientras volaba a gran velocidad. Mi opinión como entendido en aviación es que aquello no era un globo meteorológico ni un avión ni un misil”.

Los dos hombres cargaron en sus vehículos todos los trozos que pudieron, dejando una gran cantidad de ellos. En el viaje de regreso a Roswell, Marcel se detuvo en su casa para enseñar algunos de los restos a su esposa y a su hijo.

A la mañana siguiente, el coronel Blanchard ordenó que se aislase la zona. Envió un grupo de soldados y policías militares al rancho, y se procedió a una búsqueda minuciosa por toda la zona. De vuelta a Roswell, el teniente Haut, el oficial de prensa, anunció la captura de un plato volador. La noticia fue difundida por la radio local y apareció en las ediciones vespertinas de los periódicos de la zona.

Mientras tanto, el comandante Marcel recibió orden de embarcar los restos del presunto platillo volador en un B-29 y trasladarse con ellos a Wright Field (actual base de Wright-Patterson), en Ohio, haciendo escala en el cuartel general de la 8a. Fuerza Aérea, en Fort Worth (Texas).

Mientras, en Washington, el jefe del Mando Aéreo Estratégico había tenido noticia del caso y se había puesto en contacto con el jefe de Estado Mayor de Fort Worth, al que encargó que inventase una historia alternativa y que dejase la gestión del incidente en manos del general Roger Ramey, el jefe de esa base.

Cuando Marcel aterrizó en Fort Worth, Ramey le dijo que no comentase nada, que él se hacía cargo del asunto. Irving Newton, el meteorólogo de la base, llevó al lugar de los hechos unos trozos de un globo meteorológico y de un reflector de radar, hecho de hoja de aluminio y varillas de madera. Marcel posó con esos restos falsos y se dijo a la prensa que se había cometido un error, que no era un platillo volador, sino un reflector de radar.

La nueva versión de la historia fue emitida a las 17 horas, demasiado tarde para los periódicos, excepto para la última edición de Los Ángeles Herald Express. El subtítulo decía “El general cree que se trata de los fragmentos de un radar meteorológico”.

Hallazgo De Cuerpos

La limpieza del rancho Foster y de sus alrededores duró una semana, durante la cual se prohibió a Marcel que hablase con nadie. La búsqueda de restos se amplió y, dos días más tarde, se encontró el elemento principal del platillo volador y, a sólo 1.600 m de éste, los cadáveres de unos extraterrestres.

En 1990, Stanton Friedman entrevistó a un fotógrafo militar -identificado sólo como FB- que declaró haber visto unos cuerpos en un campo cercano a Corona. FB estaba destinado en la base aeronaval de Anacostia (Washington DC), cuando él y otro fotógrafo recibieron la orden de ir a Roswell. Una vez allí, los dos hombres fueron conducidos a una tienda montada en un campo y se les dijo que fotografiasen su contenido. “Vi cuatro cuerpos”, afirmó FB. Las cabezas le parecieron desproporcionadamente grandes.

Estas cuatro fotografías pertenecen a la famosa filmación de la autopsia que le hicieron a uno de los cuerpos rescatados en el accidente ovni de Roswell.

Imagen ampliable con detalles

Imagen ampliable con detalles

Imagen ampliable con detalles

Imagen ampliable con detalles

Desde enero de 1995, en más de treinta países se han difundido fragmentos de la supuesta autopsia de un extraterrestre. El aspecto del presunto alienígena de la película concuerda con las descripciones de algunos testigos oculares, y el cámara afirma haber rodado el reportaje el 31 de mayo de 1947, cerca de Socorro (Nuevo México). ¿Pudo ocurrir un tercer accidente ovni?.


El extraño caso de Petare

El día Domingo, 29 de Noviembre de 1.954, aparece registrado en la Oficina de Prensa de la Comandancia General de Policía de la Ciudad de Caracas,Venezuela el siguiente informe:

….Gustavo González, de 25 años de edad, natural de La Habana, Cuba y con residencia en la calle Bolivia Nº: 72, en Catia, Caracas, junto a su ayudante José Ponce, caraqueño, domiciliado en Los Totumos, ambos se dirigían en una camioneta panel matricula D.F., 4-11382, año 1.954, a la fabrica de embutidos “Industria Nacional de Embutidos, C.A.”, ubicada en la calle Buena Vista de Petare, donde es distribuidor de los productos en los Mercados Libres del Distrito Federal y Estado Miranda, fue víctima de una crisis nerviosa al sostener un ligero forcejeo con un extraño ser viviente que descendió a tierra de un aparato incandescente, el cual según su versión flotaba a medio metro de altura sobre la calle obstaculizando el libre transito vehicular, que lo obligó a bajarse a ver aquel objeto extraño de forma esférica que media como dos metros de diámetro y tenían dos ventanas alargadas en los costados de escasamente medio metro de abertura y con una cúpula en la parte superior; pero lo asombroso – dijeron- es que aquel globo de metal brillante; era que flotaba a medio metro de altura sin patas, soportes, ni ruedas, ni tren de aterrizaje de ninguna clase.

El caso en cuestión ocurrió el día Domingo 29 de Noviembre de 1.954, a las dos de la madrugada en la calle Bella Vista, en Petare.

El cubano, horas después de su encuentro con aquel extraño personaje, hubo de ser trasladado al Puesto de Emergencia Central de la Esquina de Salas, donde el personal medico de guardia que le atendió aprecio contusiones simples en el costado izquierdo de su cuerpo.

A juzgar por el parte oficial emanado de la Oficina de Prensa de la Comandancia General de Policía, el señor Gustavo González, declaro a las autoridades lo siguiente:

Cuando pasaba por la calle Bella Vista, en Petare, conduciendo una camioneta de mi propiedad y acompañado de un ayudante, detuve sorpresivamente el vehículo que manejaba, al observar que la calle que transitaba se ilumino de repente como si fueran las doce del día.

Mi ayudante, José Ponce, dijo González también sorprendido, abrió la puerta de la camioneta y bajo a tierra igual que yo. El salió corriendo al ver lo que yo, segundos más tarde, pude observar a un extraño ser viviente que se acercaba a nosotros “al principios sentí como algo me impidiera moverme”, pero luego avance donde el extraño sujeto, lo tome entre mis brazos y trate de detenerlo, pero aquel pequeño “hombrecillo”, podríamos calificarlo así, tenia mucha fuerza y logro deshacerse de la llave que le había aplicado, a pesar de haberlo alzado, pesaba como 50 kilogramos y haberlo tratado de llevar hacia la camioneta, caí al pavimento cuando este reacciono, logre pararme rápidamente.

Trate de perseguir al hombrecillo y cuando volví a mirarle observe algo mas sorprendente aun: dos hombrecillos mas venían hacia mi, uno de los cuales me alumbro con una linterna, venia al parecer en ayuda a su compañero. Aquella luz me impidió ver por momentos lo que ocurría y poco después al estar en mi estado normal, todo había desaparecido.

Cuando salí de ese estado de “trance”, tenia mi cuchillo de “Boy Scout” en la mano derecha y tan solo recuerdo que cuando el “hombrecillo” a quien trate de detener se acercaba a mí por cuestión de instinto, saque a relucir el arma que portaba y tiré una cuchillada sobre el hombro del extraño ser, pero mi sorpresa no tuvo limites cuando el cuchillo resbalo sobre su dura piel, no logrando hundirse en la misma, parecía la piel de un rinoceronte. El arma rozo sobre el cuerpo áspero del extraño ser y se deslizo como si hubiera caído en algún material muy fuerte, pude notar que sus manos eran como cuatro garras afiladas que trataron de asirme.

Entre tanto el ayudante José Ponce, se bajo por la portezuela del lado derecho de la camioneta y se dirigió hacia la bola esférica, cuando de repente surgió de la vertiente derecha de la Avenida Primera de Bella Vista, un hombrecillo pelambroso que subía rápidamente la empinada cuesta con las manos juntas y cargando un montón de tierra.

Apenas el hombrecillo divisa a José Ponce, de un salto de dos metros se metió en la ventanilla y desapareció en su interior, para asomarse segundos mas tarde con otro ser armado de un largo tubo brillante que sostenía entre sus manos señalando a los dos hombres terrestres.

Mi compañero José Ponce y yo, agrega González, logramos describirlos así; el que yo agarre, agrega, era peludo, no tenia nariz, de baja estatura, descalzo, con un traje muy raro -parecía como un guayuco- sus dos ojos eran brillosos. Muy ágil y fuerte para su tamaño se me zafo dando un salto felino.

De pronto sentí una vibración, advertimos en el cuerpo mas que de oída, esto paralizó a González y a Ponce, y vieron como majestuosamente y en silencio la brillante esfera alzaba vuelo verticalmente hasta convertirse en un punto para desaparecer sin dejar rastro.

José Ponce salió corriendo y llega a la Inspectoría del Transito de Petare situada en la misma calle donde se registro el extraño acontecimiento. Pocos minutos después llegaba a este mismo despacho oficial, Gustavo González y luego de tomar un poco de agua y recuperar energías, le relato lo que le había ocurrido a los fiscales de guardia; Manuel Moreno y E. Domínguez, quienes afirman que ambos entraron a las dos y media de la mañana con ese cuento pero que no estaban borrachos, ni enajenación mental; su hablar era correcto y su narración, aunque asombrosa estaba llena de detalles que parecían reales por el lujo de datos que indicaban.

Mas tarde a media mañana, el oficial Mayor Jesús Antonio Yanes, expreso que lo ocurrido a González y Ponce, era algo en extremo singular, posteriormente le dio un fuerte dolor en el costado izquierdo a González siendo llevado a un Centro Asistencial en procura de asistencia medica, a las tres de la tarde donde le tomaron una radiografía para descartar una fractura de las costillas comprobando distensión muscular en ese costado del cuerpo, y fuerte nerviosismo.

Todos los que en aquel momento se hallaban en la I.G.T., miraban a Ponce y a González, sorprendidos. Alguien, le dijo….Ustedes han tenido una visión como consecuencia de sus libaciones y ellos demostraron no haber tomado licor alguno haciendo sentir que no despedían vaho alcohólico, pues se dirigían a la charcutería “Industria Nacional de Embutidos C.A.” o “Scheper” en busca de los productos que vendían en el Mercado Libre, donde su gerente Antonio Cherchi; Indico conocer de vista y trato a González y Ponce manifestando que eran personas serias y trabajadores y que llegaban todos los días puntuales a las dos de la madrugada a retirar sus productos, por lo que no tenia ninguna queja ni había observado algo anormal en ellos por lo que el cree que si vieron o mantuvieron contactos con algo que los perturbo, es mas indico; si ellos dicen que vieron algo, yo les creo….

Por otra parte, nuestros reporteros, lograron conocer que en realidad Ponce y González, no se hallaban bajo influencia alcohólica cuando hubo el suceso, pues de haber estado estos embriagados, hubiesen sido amonestados por las autoridades del transito y además, cuando González fue trasladado al Puesto de Emergencia, se mostraba bastante nervioso y su costado izquierdo aparecían unas leves contusiones….

Otros personas testifican que vieron u oyeron algo, en la calle Bella Vista entre estos el Srta. María Antonieta Avellaneda dijo estar despierta entre la una y dos de la mañana, hacia la hora indicada del suceso y que pudo percibir “algo así como una detonación…y un siseo silbante…” pero no le hizo mucho caso por estar preparando un remedio para un niño enfermo de la casa donde vive.

De igual manera el Sr. Concepción Garrachan, quien vive en Petare, indico que horas antes de producirse el suceso, había visto sobrevolar al sur de Petare “…un extraño aparato luminoso que no hacia ningún ruido y que otras personas junto con el habían visto y comentado con extrañeza dicho acontecimiento….”, posteriormente en la madrugada, a las dos, fue escuchada una detonación en la calle de Buena Vista y otras zonas del Valle de Caracas.

El Sr. Manuel María Soria, que habita en la Avenida Sucre, Nº: 31, a solo tres cuadras del lugar señalado por los testigos del aterrizaje, dijo que marchaba a su casa a eso de las dos y media de la madrugada (la hora señalada por Gustavo González para el encuentro) en su automóvil de alquiler, cuando repentinamente observo que una potente luz iluminaba el vehículo, obligándole a detenerse momentáneamente. De inmediato oyó algo como un silbido agudo, preciso y tormentoso. Puso el auto en marcha a toda velocidad y se dirigió a su domicilio, donde contó a su señora madre Doña Juanita Soria, lo que había ocurrido. La señora contesto que ella había oído “algo”, pero creía que “era uno de esos aviones adquiridos por el gobierno que hacen mucha bulla..”.

Otro testigo referencial fue el Dr. Julio Garces, laboratorista del Hospital Pérez de León, en Petare, declaro que pocos después de las dos de la madrugada del domingo, cuando pasaba en su automóvil por las cercanías de la calle Buena Vista, oyó como un grito de terror, lanzado “por una voz chillona…”, se detuvo a ver que ocurría mas no vio nada sino oyo los gritos y no supo de donde provenían, además la Sra. Elsa Duderstad desde la calle 9 de Los Palos Grandes donde vivía, declaro que se encontraba en su jardín de su casa cuando vio hacia Petare una luz muy intensa que ascendía en forma de disco que cambiaba su tonalidad y refulguraba y estuvo expuesta durante varios minutos, el hijo Rodolfo Duderstadt, reitero categóricamente lo expuesto por su señora madre e indico que: “..La visión que hemos tenido nos ha dado mucho que pensar, puesto que ocurrió a la misma hora que en Petare, los detalles de cuyo caso no teníamos nada que hasta cuando leímos el relato en los periódicos…”. La señorita Ursula Wiede, familiar (sobrina) de la Señora Elsa Duderstad, también tuvo la oportunidad de presenciar el extraño fenómeno.

Se termina el relato haciendo referencia a vecinos de la Urb. Los Caobos, que habitan a lo largo de la antigua vía férrea que conducía a la población de Petare, destacan que esa madrugada y a la hora señalada observaron como paso por encima de sus casas una luz muy brillante que alumbro sus habitaciones llegando como destellos muy intensos, muchos se abstuvieron a dar declaraciones a la prensa, para evitar ser tildados de locos o ser citados por la Seguridad Nacional que realizó una averiguación al respecto, la Sra. Avelina del Paso, residenciada en la calle Andrés Bello indico que varias radio patrullas de la Policía y la S.N., se presentaron en la zona imponiendo el orden e investigando en las calles, casas y solares el origen de la explosión que se sintió al paso de la brillante luz.

Francisco Leal, que vive en la calle 7, sintió la explosión como todos los vecinos del sector, varias familias enteras asustadas se encontraban en las afueras de su residencia, todas comentaban el suceso entre estas se encontraban los “Armas” y “Escobar”, que indicaron según las declaraciones dadas a la policía que era una luz azulada e intensa, la luz se fue difundiendo hacia arriba, todos los habitantes oyeron el extraño ruido.

Así termina este relato de un suceso aun no aclarado en nuestra historia contemporánea capitalina del cual pocos recuerdan y conocen.

El caso de Travis Walton

A todos los que habitamos este hermoso planeta Tierra se nos ha pasado por la cabeza en alguna ocasión pensar en la posibilidad de que no estamos solos. En un vasto universo del que apenas conocemos una insignificante parte, no se hace extraño plantear la hipótesis de que habrá alguien, más cerca o más lejos, en nuestro sistema solar. Basándose en este pensamiento son muchos los que han llevado a cabo investigacio­nes al respecto. El resultado siempre ha sido el mismo: nada de nada. O eso nos quieren hacer creer, porque lo cierto es que son diversas las evidencias que a lo largo de los años han surgido acerca de posibles pruebas, avistamientos o contactos que certifican la existencia de otras especies inteligentes, y que la NASA y otras agencias especiales ocultan con el fin de no transmitir alarma social. Estas supuestas pruebas quedan reforzadas con cientos de testimonios de personas en todo el mundo que aseguran haber tenido presuntos contactos con alienígenas. Gran parte de estos testimonios carecen de credibilidad. Sin embargo, hay unos pocos que a día de hoy continúan siendo auténticos expedientes X de las más altas esferas de la inteligencia mundial. Casos sobre los que se ciernen un halo de misterio y de incógni­tas que a día de hoy siguen sin despejarse. Sucesos cuyos testimonios y evidencias dejan abierta la puerta a la gran incógnita: ¿pudo ocurrir?

El grupo de lefladores tuvo que enfrentarse a la ley por el presunto asesinato de su compañero.

De todos ellos hubo un caso cuyos acontecimientos fueron tan rotundos que por sí solos han alimentado hasta nuestros días la esperanza, temor o evidencia de que no estamos solos. Ésta es la historia de Travis Walton.

Un tipo normal. Un suceso inesperado

Cuando determinadas vivencias le ocurren a un tipo normal, parece que gana en credibilidad y verosimilitud. Así era Travis Walton, un norteamericano medio. Ni muy rico ni muy pobre. Ni muy listo ni muy necio. Un hombre normal que se ganaba la vida como guarda forestal en Snowflake Arizona. Y cuya existencia hasta el día 5 de noviembre de 1975 había sido anodina.

Ese día Travis regresaba con sus seis compañeros de trabajar en el bosque. El atardecer caía, haciendo el lugar aún más inhóspito si cabe. Walton y los demás iban en la camioneta de regreso a sus hogares mientras pasaban por una zona del parque que conocían tan bien como cualquier otra. De repente, de entre los árboles surgió algo que halo de luz nunca antes presenciado por ninguno de ellos. En un primer instante pensaron que podía tratarse de un incendio que estaba asolando esa zona del bosque. Sin embargo, el color era más azulado que rojizo, además pronto salieron de dudas cuando vieron un reflejo plateado que les deslumbraba. Una especie de platillo volante parecía ser el causante de aquella llamativa fuente de luz. Todos se quedaron impresionados por aquello. Siguiendo la necesidad de presenciarlo más de cerca, Travis saltó de la camioneta y se dirigió hacia el claro. Fue como si ejerciera un poder hipnótico sobre él. Sus compañeros le gritaban para que retrocediera, pero era demasiado tarde: Walton estaba debajo del objeto, en pleno epicentro lumínico. No escuchaba, sólo veía. Fue entonces cuando un enorme rayo le atravesó el costado. Los otros seis, presas del pánico, sólo pudieron gritar desde la lejanía. Mike Rogers, el jefe del grupo, pisó el acelerador respondiendo al más primario de sus instintos: la supervivencia. A medida que se iban alejando, eran conscientes de que uno de los suyos se había quedado allí atacado por nadie sabe qué. La culpabilidad les comía por dentro y decidieron volver en busca de Travis. Sin embargo, ya no estaba allí. Ni él, ni la luz ni el extraño objeto.

La denuncia

Minutos después de aquello, Mike Rogers, Ken Peterson, John Goulette, Steve Pierce, Allen Dallis and Dwayne Smith detallaban al ayudante del sheriff de Heber, Chuck Ellison, lo sucedido. Alguno de ellos, marcado por la pesada carga de la culpabilidad, no pudo contener las lágrimas. El policía no daba crédito a la sorprendente historia que le estaban na­rrando los guardas forestales. Ellison avisó a su superior, el sheriff Marlin Gillespie, quien escuchó el relato de la desaparición de Walton de boca de sus seis compañeros. No había contradicciones, ni dudas, ni atisbo de que estuviesen mintiendo, pero lo cierto es que uno de los suyos ha­bía desaparecido y que la historia que estaba escuchando era sin lugar a dudas la más sorprendente que jamás había oído en sus muchos años de servicio.

Durante las horas siguientes se llevó a cabo un rastreo por parte de las fuerzas de seguridad, y de multitud de voluntarios, en la zona donde Walton había desaparecido. No había ni rastro de él ni de aquello que según sus compañeros le había atacado. El sheriff comenzó a barajar la hipótesis de que los seis compañeros hubieran asesinado a Travis e ideado el encuentro con el supuesto ovni como coartada. Pero el olfato de Gillespie le decía que cómo unos presuntos asesinos iban a idear una historia tan inverosímil para encubrir su delito, cuando podían perfectamente haberse confabulado los seis y tejer una historia mucho más creíble que les amparara.

Walton recordaba haber despertado en algo semejante a una camilla.

No había contradicciones, ni dudas, ni atisbo de que estuviesen mintiendo, pero lo cierto es que uno de los suyos había desaparecido y que la historia que estaba escuchando era sorprendente.

Algo no encajaba, pero por muy extraño que pareciera el suceso, los policías veían que esos hombres decían la verdad. Fue por eso que decidieron someterles al polígrafo. Ante la máquina de la verdad, los forestales contestaron varias preguntas relacionadas con la desaparición de su compañero. Un total de cuatro cuestiones que indagaban directamente en si alguno de ellos había atacado a Walton, o si habían escondido el cuerpo, o acerca de su hipotético encuentro con el ovni. Los seis individuos superaron las pruebas ante el asombro de toda su comunidad. El sheriff Gillespie ve corroboradas sus sospechas, pero sin embargo estaba en un callejón sin salida. Lo único que tenía para resolver un caso de desaparición era el testimonio de seis personas que aseguraban que fue atacado por un ovni. Algo insólito en la vieja Arizona.

Habían pasado cinco días en los que la conservadora y tranquila comunidad de Snowflake había perdido a uno de los suyos de una forma increíble. Nada se sabía de Travis Walton, y la oficina del sheriff se había puesto en contacto con las autoridades estatales para ampliar la red de búsqueda del guarda forestal. Los compañeros seguían en estado de shock, la pesada losa que estaban soportando por haber abandonado a su compañero ante aquel extraño objeto les iba a acompañar el resto de sus días. Todos tenían claro que lo único que podían hacer era esperar a que algo ocurriera. Y en ese quinto día ocurrió. Una llamada de teléfono trajo de nuevo la luz a tanta oscuridad. Travis Walton había telefoneado a su hermana desde una estación de servicio cercana. Estaba agotado, deshidratado y pedía ayuda..

Travis Walton recordaba su experiencia en el interior de la nave como algo sumamente traumático.

En esos cinco días que había estado desaparecido, Travis no se había afeitado. Se encontraba perdido, ausente, tenía la sensación de que en lugar de días habían pasado horas. Walton vomitó la primera comida que tomó. En las pruebas médicas hubo dos aspectos destacables. Su cuerpo había estado días sin ingerir nada, en su aspecto físico se apreciaba claramente; sin embargo, los análisis dejaron entrever que podía haber estado recibiendo algún tipo de suero desconocido para alimentarle. La otra señal era una extraña marca en su codo, como si le hubieran administrado algún tipo de inyección hipodérmica que, sin embargo, había sido aplicada lejos de cualquier vena cercana.

Muchos presuntos abducidos tienen en sus cuerpos extrañas marcas y cicatrices

Los compañeros seguían en estado de shock, la pesada losa que estaban soportando por haber abandonado a su compañero ante aquel extraño objeto les iba a acompañar el resto de sus días.

Esta extraña marca dio aún más pábulo a la increíble historia que Walton detalló a las autoridades.

Un episodio increible

El guarda forestal recordaba que cuando se acercó al extraño platillo desde la camioneta, un haz de luz le atravesó dejándole inconsciente. Más tarde despertó. Estaba tendido sobre una camilla con un enorme foco encima. Se sentía dolorido, con dificultad para respirar y una sensación extraña de frío húmedo que le recorría el cuerpo. Travis pensó que había despertado en un hospital; sin embargo, se dio cuenta de que no era así al ver tres extrañas figuras que le rodeaban. No eran humanos y llevaban uniformes naranjas. No tenían mucha altura y carecían de pelo; lo que parecían ser sus orejas y su nariz eran de tamaño normal, pero sin embargo tenían unos ojos gigantescos en los que incluso Walton se veía reflejado en ellos. Parecían fetos humanos. Travis no era consciente de qué tipo de prueba le estaban realizando. En un arrebato de valor, el humano se incorporó y cogió un utensilio para amenazar a los alienígenas. Éstos, con gran pasmosidad, abandonaron la estancia. El hombre salió de aquella sala y recorrió la nave en busca de una salida. En una de las dependencias se topó con otros tres seres de apariencia más humana. Dos hombres y una mujer que le recibieron de forma afable para tratar de tranquilizarle. A continuación le indicaron que se tumbara en una especie de mesa. La mujer le colocó una especie de máscara de oxígeno. Travis perdió el conocimiento. Cuando despertó estaba en una cuneta de la carretera cerca de la gasolinera de Heber.

No tenían mucha altura y carecían de pelo; lo que parecían ser sus orejas y su nariz eran de tamaño normal, pero sin embargo tenían unos ojos gigantescos.

Travis Walton fue sometido también al polígrafo. La máquina de la verdad no pudo desmontar la historia contada por el forestal. Décadas después, el caso Travis Walton continúa siendo un referente mundial de supuesta abducción ovni. Varios son los argumentos que los crédulos del suceso exponen. Las marcas que tenía Travis en los brazos, los cinco días que estuvo en paradero desconocido, el testimonio de los seis compañeros y sobre todo cómo superaron la prueba del polígrafo. Parece claro que ese humilde hombre de la América profunda no ganaba nada inventándose una historia tan inverosímil

El impacto Walton

El caso de Travis Walton conmocionó profundamente a la sociedad ame­ricana de la época. Un pueblo que era plenamente consciente de que en sus más altos estamentos se estaban llevando a cabo pruebas y experimentos para tratar de certificar la posible existencia de vida extraterrestre. Un asunto que se estaba llevando de forma clandestina rodeado del más profundo de los silencios por parte de las autoridades competentes.

Es por eso que el incidente vivido por Travis supuso un antes y un después en la conciencia de sus compatriotas. Algunos se sintieron plenamente identificados, ya que habían vivido episodios similares que no se habían atrevido a contar. Otros aprovecharon la estela de confusión para frivolizar sobre el asunto. La sociedad miraba expectante a aquel pequeño paraje de Arizona mientras las altas esferas callaban tratando de que pasase rápidamente.

Lo cierto es que lo vivido por aquel guarda forestal caló en las conciencias de todos. Hasta el punto de que una novela, La experiencia Walton, y una película, titulada Fuego en el cielo, recogen lo vivido en aquellos días de noviembre de 1975. Todo un hito en el panorama ovni hasta la fecha

Parte 1

Parte 2

El Caso Cash-Landrum

El Caso Cash-Landrum es uno de los más notorios incidentes OVNI de encuentros cercanos contados hasta ahora. Durante una tarde en la noche de diciembre, en 1980, un coche lleno de 3 personas se dirigía a su casa por un camino angosto país. Que ocurren cerca de Huffman, Texas.

En las entrevistas después del incidente, los ocupantes del coche describen un objeto alargado en forma de diamante flotando por encima de la espesura de los árboles. El objeto parecía inestable, y periódicamente expulsados ​​llamas de su base. El calor generado por la nave supuesta era inmenso, y se informó suficientemente intenso como para causar que el cuerpo metálico del automóvil se convertiese en extremadamente caliente al tacto y se deformara.

Mano quemada de Betty Cash

Betty Cash, de entonces 51 años de edad, era propietaria de un negocio pequeño cerca de Huffman, Texas. Sus pasajeros, Vickie Landrum, de 57 años

de edad disfrutaba de una noche de alegria con su nieto. La carretera estrecha, sólo se usa ocasionalmente por los lugareños, fue casi completamente bloqueado por la nave en forma de diamante. Betty supuestamente detuvo el coche a solo 50 metros desde el objeto, y los tres ocupantes del coche salieron a tener una mejor visión en el objeto que obstruye su camino. Después de menos de 5 minutos de mirar fijamente al objeto, Vickie y el joven Colby volvieron al coche, y le pidió a Betty a hacer lo mismo. Cuando Betty intentó abrir la puerta del coche, su mano se quemó gravemente al tocar el metal caliente de la manija de la puerta.

Poco después de volver a meterse en el coche, los tres espectadores atónitos testigos de un helicópteros que rapidamente se acerco al objeto en varias direcciones. El helicóptero logró plenamente rodean el objeto, éste rápidamente se movió detrás de la tapa de la línea de árboles. Betty conducía el coche en la misma carretera hasta que se unió a una importante carretera, momento en el que se alejó de la nave iluminada y sus perseguidores y regreso a su casa. Otros conductores y residentes de la zona también dijeron haber visto el objeto, aunque pocos estuvieron lo suficientemente cerca como para describir el objeto en detalle.

En las horas siguientes al incidente, los ocupantes del coche comenzaron a experimentar síntomas que parecían imitar los efectos de una quemadura grave. Su piel enrojecida significativamente, y las ampollas y forúnculos entraron en erupción en las manos, brazos y cara. Betty, en particular, sufrió síntomas extremos, y tres días después del incidente fue trasladada de urgencia al hospital, inconsciente.

Betty Cash, la conductor del coche, también comenzó a experimentar la pérdida severa del pelo. El médico Brian McClelland, describió los síntomas como algo similar a envenenamiento por radiación severa. Existen fotografías de las lesiones causadas por el calor y / o la radiación emitida desde la nave no identificada, y las fotos muestran tanto las quemaduras y la pérdida de cabello extrema infligidas a los ocupantes del coche.

Los ocupantes del coche intentaron establecer contacto con funcionarios militares y de control de tráfico aéreo para obtener más información acerca de la nave no identificada, así como los helicópteros militares que también fueron reportados en la zona. No ha habido confirmación oficial de que ocurrió el incidente, y los informes de la cobertura de radar inadecuada de la zona se informó por la FAA y el control del tráfico aéreo en el área de Houston la noche en cuestión. Los ocupantes del coche demandaron al gobierno de Estados Unidos por sus lesiones y el sufrimiento causado, con la creencia de que la nave de la que fueron testigos era parte de un proyecto militar secreto. El caso fue desestimado en 1986, debido a la falta de voluntad de los militares a admitir que esa nave existían en su arsenal. El caso fue desestimado por el argumento de que “no existe el objeto, o en el inventario de la Fuerza del Ejército de EE.UU., la Armada, Aérea o la NASA.

El escéptico Peter Brooke Smith escribió al respecto:

”Para los ufólogos, el caso es tal vez el más desconcertante y frustrante de los tiempos modernos, porque lo que comenzó como evidencia sólida de un fenómeno notoriamente elusivo se perdió gradualmente (petered out ) en un laberinto de callejones sin salida, negativas y quizá incluso desviaciones oficiales”

Otros testigos

Los investigadores posteriormente localizaron a un oficial de policía de Dayton, el detective Lamar Walker y su esposa, quienes alegaron haber visto 12 helicópteros similares a los Chinook cerca del área donde tuvo lugar el incidente Cash-Landrum, y aproximadamente al mismo tiempo. Estos otros testigos no informaron haber visto un gran objeto de forma de diamante. El detective Walker investigó este incidente pero fue despistado en numerosas ocasiones por oficiales militares de alto rango, incluyendo aparentemente algunos directamente vinculados con el Pentágono.

Un día de abril de 1981 un CH-47 voló hacia Dayton. Mientras el pequeño Colby lo miraba comenzó a sentirse bastante mal. Vickie decidió llevarlo hacia el punto donde el helicóptero había aterrizado, con la esperanza de que la aeronave parecería ser menos atemorizante una vez posada sobre el suelo. Cuando llegaron al área de aterrizaje se encontraron con que ya había bastante gente allí y tuvieron que esperar durante algún tiempo antes de que se les permitiese ingresar al helicóptero y hablar con el piloto. Tanto Vickie como otro visitante alegan que el piloto dijo que él había estado en el área antes, con el propósito de investigar un OVNI que se habría encontrado en problemas cerca de la localidad de Huffman. Cuando Vickie le comentó al piloto lo feliz que estaba de verlo, porque ella había sido una de las personas que había recibido quemaduras de parte del OVNI, él se negó a seguir hablando y rápidamente las hizo salir de la aeronave.6

Consecuencias

Problemas de salud

Luego de que el OVNI y los helicópteros hubieron abandonado la zona, Cash llevó a los Landrum a su casa y se retiró a tratar de dormir. Aquella noche, todos experimentaron síntomas similares, aunque Cash los tenía en un grado mayor (de hecho, había sido ella quien había salido del automóvil a observar el fenómeno). Todos sufrían de náuseas, vómitos, diarrea, una debilidad generalizada, una sensación de quemazón en los los ojos y como si hubiesen sufrido se de quemaduras después de una exposición excesiva a la luz del sol. Durante el transcurso de los días siguientes, los síntomas de Cash empeoraron, con muchas ampollas grandes y dolorosas formándose sobre su piel. Cuando fue llevada a la sala de emergencias de un hospital el 3 de enero de 1981, Clark escribe que Cash “no podía caminar y había perdido grandes pedazos de piel y mechones de cabello. Fue dada de alta luego de 12 días, aunque su condición no era mucho mejor, y posteriormente regresó al hospital por otros 15 días.7 La salud de los dos Landrum (abuela y nieto) era de alguna forma un poco mejor, aunque ambos sufrían de una debilidad persistente, llagas en la piel y pérdida de cabello.

Un radiólogo que examinó los registros médicos de los testigos para la red de ovnilogía MUFON escribió respecto de los mismos:

“Tenemos fuerte evidencia de que estos pacientes han sufrido daño secundario debido a la radiación ionizante. También es posible que además haya habido un componente infrarrojo o ultravioleta”.8

Sin embargo, Brad Sparks contiende que, aunque los síntomas eran de alguna manera similares a aquellos causados por dicho tipo de radiación, la rapidez del ataque fue sólo consistente con una dosis masiva que había significado una cierta posibilidad de muerte en unos pocos días. Debido a que todas las víctimas vivieron varios años más después del incidente (y el entonces niño Colby sobrevivió al mismo sin mayores complicaciones), Sparks sugiere que la causa de los síntomas fue o habría sido alguna clase de contaminación química, presumiblemente por un aerosol.9

 Investigaciones

Vickie Landrum telefoneó a funcionarios de varias agencias del gobierno federal estadounidense, comentándoles sobre el encuentro cercano que alegaba haber experimentado. Cuando ella se contactó con la NASA, fue derivada al ingeniero aeroespacial John Schuessler, quien hacía bastante tiempo que estaba interesado en el estudio del fenómeno de los OVNIs. Con algunos asociados provenientes pertenecientes a la conocida red de ufología MUFON, Schuessler comenzó a investigar sobre el caso, y posteriormente escribió artículos y un libro sobre la materia. El astrónomo Allan Hendry, de la red CUFOS, también investigó el extraño caso Cash-Landrum.

Debido a la presencia de los helicópteros Chinook, los testigos presumieron que al menos una rama de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos también habrían detectado la presencia del objeto, si es que no lo estaban escoltando o persiguiendo. No obstante, los investigadores no pudieron encontrar evidencia que vinculase a dichos helicópteros con alguna rama de la milicia estadounidense.

En 1982, el entonces teniente coronel George Sarran, del Departamento del Inspector General del Ejército de los Estados Unidos, comenzó a realizar la única investigación completa y formal de carácter oficial o gubernamental sobre ese supuesto encuentro o incidente OVNI. No obstante, él no pudo encontrar ninguna prueba o evidencia concluyente de que los helicópteros que los testigos alegaban haber visto perteneciese a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Sarran concluyó que “Las sras. Landrum y Cash eran creíbles, el policía y su esposa [quienes afirmaron haber visto 12 helicópteros cerca del sitio del encuentro OVNI], también eran testigos creíbles. No había la percepción de que alguien estuviese tratando de exagerar la verdad”.10

En 1998, el periodista y escéptico respecto de los OVNIs Philip J. Klass encontró algunas razones para dudar de la historia relatada por Cash y Landrum.

“Cuando Schuessler inspeccionó el automóvil de Betty en 1981, usando un contador Geiger para buscar radioactividad, no encontró ninguna. Presumiblemente también chequeó en búsqueda de rastros de la misma cuando visitó el sitio del (alegado) incidente y no encontró radiación anormal… [Schuessler] NO provee datos médicos sobre la salud de Betty ANTES del incidente OVNI. Ni provee ningunos datos médicos sobre la salud previa de Vicki o Colby” (Énfasis en mayúsculas en el original).11

Otros ovnílogos destacan que la radiación ionizante de alta energía de la clase que puede causar daños a los seres humanos (por ejemplo, la radiación de rayos gamma) no induce radioactividad en los objetos, y no habría dejado ninguna radioactividad residual en el área.

De forma similar, el británico Brookesmith escribe al respecto:

“Los escépticos siempre se han preguntado una pregunta no aguda y fundamental: ¿Cual era el estado de salud del trío antes de su alegado encuentro?”12

Acciones legales

Finalmente, Cash y Landrum contactaron a los senadores estadounidenses Lloyd Bentsen y John Tower, quienes les recomendaron a ambas testigos entablar una demanda ante la oficina de reclamos judiciales de la base de la Fuerza Aérea de Bergstrom. En agosto de 1981, Cash, Landrum y Colby fueron entrevistadas durante un tiempo relativamente largo por personal de que entonces trabajaba en la Base de la Fuerza Aérea de Bergstrom, y allí de les comentó que debían contratar a un abogado y buscar compensación económica por sus heridas13 Con el abogado (attorney) Peter Gersten tomando el caso de manera pro bono, el caso se abrió camino por las cortes estadounidenses, y estuvo dando vuelta por ellas durante varios años. Cash y Landrum demandaron al gobierno federal estadounidense por USD 20 millones. El 21 de agosto de 1986, un juez de una Corte de Distrito desestimó su caso, notando que las demandantes no habían probado que los helicópteros en cuestión estuviesen asociados al gobierno de los Estados Unidos y que oficiales militares habían testificado que las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos no tenían una gran aeronave de forma de diamante en su posesión o inventario.

Años posteriores

En 1981, algunos meses después del incidente, Vickie Landrum apareció en That’s Incredible (“Eso es increíble”), un entonces popular programa televisivo que era transmitido por la cadena ABC. Vickie fue hipnotizada frente a una audiencia en vivo; bajo hipnosis ella hizo un recuento de lo que había vivido o experimentado durante aquel incidente del 29 de diciembre de 1980.

Varios años después -ya en 1989– tanto Vickie como Betty Cash aparecieron en un programa especial de televisión titulado UFO cover up? Live! (“¿Encubrimiento OVNI? ¡En vivo!”), presentado por Mike Farrell. En el mismo hicieron un recuento de su alegado encuentro con aquel OVNI, además de sus subsiguientes problemas médicos y batallas legales.

En 2009 Colby Landrum, ya de unos 36 años de edad para entonces, fue entrevistado en el episodio Aliens fallout (“Lluvia radiactiva alienígena”) del programa de televisión por cable “Cazadores de OVNIs” (UFO Hunters).

En una notable coincidencia del destino, Betty Cash murió el 29 de diciembre de 1998, exactamente 18 años después de haber sucedido su alegado encuentro cercano del segundo tipo. Entonces tenía 71 años de edad.14

En la cultura popular

El clásico incidente OVNI Cash-Landrum ha sido presentado y reconstruido en algunos programas estadounidenses como Sightins (“Avistamientos”) y Unsolved mysteries (“Misterios no resueltos”).

Este incidente ocurrió tan sólo un día después del de Rendlesham Forest, sobre una base militar del Reino Unido