El Asesinato de Bob Crane

 

La cara de pícaro no es fingida...

Bob Crane probablemente no surge en la memoria de muchos como el nombre de un artista famoso, idolatrado por varias generaciones que amaban aquella serie sesentera que se mofaba con una estilizada sátira de los nazis.

Bob Crane probablemente no surge en la memoria de muchos como el nombre de un artista famoso, idolatrado por varias generaciones que amaban aquella serie sesentera que se mofaba con una estilizada sátira de los nazis.

Pero otra cosa es hablar del Coronel Hogan”, protagonista de la popular comedia televisiva, Los Héroes de Hogan y quien, al igual que otras series de antaño, sigue conquistando nuevas audiencias ya no solo en televisión, sino en grupos de fans en redes sociales.

Durante los seis años que la serie estuvo al aire, Crane abrazó la gloria, la fama y el paraíso hollywoodense. Por eso, sus fans se sumieron en el estupor por la historia tan bizarra que, finalmente, lo condujo a una muerte de terror.

Esta celebridad que desbordaba humor del fino, siempre cargó con una aureola de éxito, según narra su biografía oficial en la web, http://www.bobcrane.com.

Ingenio, ironía y humor

Nacido en 1928, en el pequeño poblado Waterbury, en Connecticut, era el menor de dos hijos y desde siempre se le consideró “el payaso de la clase”.

Amante de la música, la carrera de Crane comenzó a los 22 años, cuando su trabajo como locutor lo llevó a probar suerte en las emisoras de California, donde fue “el Rey de la Sintonía” en Los Ángeles.

En su programa radiofónico participaron famosos de la talla de Marilyn Monroe y Frank Sinatra, con un Bob que colmaba las transmisiones de ingenio, ironía, carisma y un humor único.

Durante su reinado radiofónico, Crane llamó la atención de los ejecutivos de la compañía CBS. Comenzó con varias apariciones como invitado en series televisivas, hasta que alcanzó un papel protagónico en el show The Donna Reed, como el doctor David Kelsey.

Un recuento biográfico del diario USA Today narra cómo, sorpresivamente, en 1965, recibió la oferta de su vida: un rol como protagonista en una nueva comedia que sencillamente lo inmortalizaría: Los Héroes de Hogan.

Ya tenía 15 años de casado con su novia de secundaria, Ann Terzian, con quien tuvo 3 hijos. Varios artículos lo describen como un esposo ejemplar y un padre cariñoso y responsable: siempre iban a la Iglesia. Entonces, su entorno era el típico retrato de la familia americana perfecta.

Pero el otrora payasito de la escuela guardaba una represión que explotó cuando conoció a John Carpenter, un experto en audiovisuales que lo indujo a la perversión. Esa nefasta amistad se multiplicó en la cumbre del estrellato de Crane, durante la grabación de la triunfante serie Los Héroes de Hogan. Carpenter era conocido como “el James Bond de los videoaficionados”.

Lujuria, adicción y muerte

La vida de Bob Crane pronto se confirtió en una farra eterna, casi siempre metido en los clubes de strippers. La pornografía, por otra parte, complementaba su enfermiza adicción por todo lo que tuviera que ver con sexo.

Como lo reseñó el canal E! en un especial sobre las historias más tétricas de Hollywood, la enfermedad de Crane lo precipitó al despeñadero con una rapidez inusitada: pronto vivía inmerso en un mundo plagado de sexo y orgías. El descubrimiento de las primeras videocámaras, tan diestramente manipuladas por Carpenter, fraguó su perdición.

Al “Coronel” no le bastaban las fotografías de los senos de algunas muchachas que invitaba a sus interminables fiestas. Pronto pasó a las grabaciones de sus actos falderos con cámaras ocultas, sin el consentimiento de la, o las chicas, que lo acompañaban.

Los inseparables amigos se involucraron en la filmación de cintas pornográficas caseras. Su vicio voyerista lo condujo a perder el control: su esposa y sus hijos tiraron la toalla después de una lucha sin cuartel y lo abandonaron. Crane quedó entonces solo, a expensas de sus enfermizas pasiones.

Según el descarnado especial de E!, en 1971 ocurrió lo inevitable: la conducta de Crane dio al traste con su trabajo y la serie fue cancelada, tras 168 episodios.

Fue el principio del fin: en sus nuevos trabajos actorales eran evidentes los efectos de sus extensos días de sexo salvaje. Ni siquiera su propio espectáculo, El show de Bob Crane, logró disimular su extrema delgadez y su cansancio extremo. Su descontrol llegó al punto de que, cuando era invitado a programas televisivos, se dirigía carnal y pecaminosamente a las mujeres.

Mientras su carrera caía en un precipicio, Crane se casó con la actriz Patti Olsen, conocida como Sigrid Valdis, quien representó a Hilda, en la cancelada serie de la pantalla chica.

Con ella engendró su tercer hijo, al tiempo que despilfarró todo el dinero ganado en equipos de video y en sus años mozos como el actor de guerra.

Para ese tiempo, Crane decía a sus pocos amigos: “te pasas toda la vida siendo el gracioso y un día todo cambia. Ya no eres el gracioso, el teléfono no suena”.

Y ante el fracaso inminente de su carrera, intentaba justificarse: “Qué tiene de malo que me guste tocar la batería en locales de striptease. Soy un tipo de carne y hueso y solo miro a esas mujeres. No hago nada con ellas”.

Con su reputación al más bajo nivel, realizó giras por todo Estados Unidos, con la obra de teatro La suerte del principiante, con Carpenter y la pornografía como camaradas inseparables.

El 29 de junio de 1978, la pacífica y desértica ciudad de Scottsdale, en Arizona, apareció en los titulares de los principales periódicos del país.

A sus 49 años, lo impensable sobrevino, con el asesinato de “el Coronel”, en la habitación que rentaba en un solitario motel, tras una noche de desenfreno.

Según reportes policiales, el cuerpo apareció con dos golpes en su cabeza, presuntamente provocados con un trípode que él y su amigo utilizaban para grabar sus perversiones sexuales. Las investigaciones apuntaban a Carpenter como el principal sospechoso. Incluso fue enjuiciado, pero no se recolectó suficiente evidencia en su contra.

La muerte nunca se aclaró y aún uno de los grandes misterios de Hollywood. Y su vida, en una atractiva, pero espeluznante contradicción, cargada de un enfermizo morbo.

Tan llamativa fue su fama que el autor Robert Graysmith escribió un ensayo periodístico llamado El asesinato de Bob Crane, que intentó explicar las misteriosas circunstancias del deceso.

En el 2002, el cineasta Paul Schrader tomó ese texto y reconstruyó, en la película Desenfocado, la paradójica, admirada, y al mismo tiempo, repudiada existencia del gracioso Crane

Acerca de superocker

Me gusta el rock, el cine y las chicas

Publicado el enero 5, 2012 en Crimenes Sin Resolver y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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