El caso Mark Kilroy



Mark Kilroy : era estudiante del ciclo básico de la Universidad de Texas en Austin. Salía con chicas, era animador de los diversos equipos deportivos y estudiaba mucho, con la intención de graduarse de médico. Esperaba con ansias el receso de marzo cuando él y sus compañeros Bradley Moore, Bill Huddleston y Brent Martin planeaban viajar a Isla South Padre, cerca de Brownsville. Unos cuantos centenares de jóvenes compartían la misma idea.

A las 02:00 horas de la madrugada, la gente empezó a retirarse. Los cuatro amigos, agotados y con una buena borrachera, decidieron dar la fiesta por terminada. Salieron del local donde se encontraban. El aire de la noche era fresco y agradable. Se unieron a la tambaleante procesión de muchachos que se dirigía hacia el puente que marca la frontera entre México y Estados Unidos. Bill Huddleston, el mejor amigo de Mark, tuvo que pararse en un oscuro callejón para orinar. Al volver, vio a Mark caminando en medio del gentío. Parecía estar hablando con un joven mexicano; era Sergio Martínez Salinas, un miembro del grupo de Constanzo. Bradley Moore y Brent Martin caminaban adelante en dirección al puente y Bill fue hacia ellos. A partir de ese momento la fiesta se transformó en una pesadilla.

Bradley Moore, Bill Huddleston y Brent Martin: los amigos de Mark Kilroy

El mexicano empezó a hablar con Mark sin que nadie se lo hubiera pedido. “¿Quieres dar un paseo?”, le dijo. Cerca había estacionada una camioneta y otro mexicano estaba sentado al volante. Los estudiantes estadounidenses preferían no mezclarse con los hombres de Matamoros. Solían ser tipos duros que conocían bien la ley de la calle. Pero la negativa de Mark no fue lo suficientemente rápida. El alcohol y el cansancio pudieron con él. Los mexicanos se dieron cuenta de que titubeaba; lo cogieron en volandas, lo metieron en la camioneta y el vehículo desapareció de la bulliciosa calle. Mark se dio cuenta de que corría peligro. El conductor se detuvo en un callejón para orinar y Mark aprovechó el momento; se zafó de sus dos guardianes, saltó de la camioneta y echó a correr. Pero no se había fijado en que otra camioneta Chevrolet los seguía. Dos tipos se bajaron y volvieron a atraparle. Le metieron a empujones en la Chevrolet y lo amenazaron con una navaja. Se hospedaron en el Hotel Del Prado, de donde Kilroy casi se escapó por segunda ocasión.

Mark Kilroy días antes de su muerte

Sus amigos empezaron a preocuparse cuando vieron que no aparecía en el puente. Regresaron a México y recorrieron las calles y bares de la ciudad, hasta que se hizo de día. A estas alturas estaban muertos de cansancio y se fueron a dormir unas horas a una habitación de hotel de South Padre antes de rellenar un impreso de personas desaparecidas en la agencia del Ministerio Público. A la mañana siguiente, en Matamoros, notificaron la desaparición en el consulado estadounidense. Después llamaron a los padres de Mark en Santa Fe, Helen y Jim Kilroy, y les dijeron que su hijo se había perdido en México.

Los padres de Mark Kilroy

Las dos camionetas recorrieron kilómetros a través del campo hasta detenerse frente a un grupo de endebles barracas en una granja. Mark Kilroy fue obligado a permanecer sentado en una vieja hamaca. Llegaron más hombres; algunos llevaban armas automáticas. Sus esperanzas se desvanecieron. No había forma de escapar. Pasaron las horas lentamente, y al alba, un anciano le dio un poco de agua y una sartén con unos huevos revueltos. Los mexicanos le dijeron que no se preocupara, que no le iba a pasar nada. Kilroy se pasó un buen rato rezando. A las 12:00 horas, el joven seguía sentado en la hamaca. Poco después le condujeron a una construcción de madera, y una vez dentro lo ataron de pies y manos. Un olor a podrido enrarecía el ambiente. Nubes de ruidosas moscas se agolpaban sobre algo que había en el fondo oscuro de la barraca.

Los guardias lo obligaron a arrodillarse y lo amordazaron con cinta adhesiva pegada a los labios. Alguien dio una orden, así que volvieron a arrastrarlo al exterior y lo colocaron sobre una lona alquitranada extendida en el suelo. Detrás de él, alguien levantó un machete y le propinó un golpe seco en la nuca. Mark Kilroy murió al instante. Un miembro de la banda declaró después que el sonido del machete impactando sobre la cabeza sonó como si “cascaras un coco”. Tras asesinarlo, le extrajeron el cerebro y lo pusieron a hervir en la nganga, en la propia sangre del chico. Le quitaron además la columna vertebral, con la cual fabricaron amuletos y collares para protección. Le amputaron las piernas, le quitaron la carne y la devoraron. Con un fragmento de la columna vertebral de Kilroy, Constanzo se fabricó un alfiler de corbata que en adelante utilizó. Los huesos del joven fueron colocados en cubetas vacías.

Sara Aldrete, de 24 años, era una estudiante distinguida en el Texas Southmost College de Brownsville. Esta joven alta y morena también era la novia de El Padrino y su compañera asidua, aunque sabía que él era homosexual y tenía dos amantes masculinos. Participaba de buen agrado en los rituales satánicos. Los rumores acerca del Rancho Santa Elena como el punto donde iba a parar la droga habían llamado la atención de la policía. Nunca se hizo nada. Se alega que las autoridades aceptaban sobornos a cambio de permitir el flujo de los estupefacientes. Ahora, un nuevo oficial, Juan Benítez, encabezaba la policía de Matamoros. El honesto policía de 35 años estaba limpio. Había rastreado un despacho de drogas hacia el Rancho Santa Elena. El 9 de abril de 1989, la policía hizo una redada y capturó a Serafín Hernández. Uno tras otro fueron cayendo: Elio Hernández, David Serna y Sergio Martínez.

Benítez arremetía contra el narcotráfico, pero también tenía una foto de Mark Kilroy, el estudiante desaparecido. Se la mostraba a todo el mundo, pero siempre recibía la misma respuesta: nadie lo había visto. Hasta que le enseñó la foto a un trabajador del Rancho Santa Elena. Su nombre era Domingo Reyes.

Sin titubeo, Domingo le dijo al oficial: “Sí, lo recuerdo. Le di un poco de agua. Después lo llevaron a la cabaña y no lo volví a ver más”. La policía fue al lugar, acompañada por Domingo. Rompieron un cerrojo, y se reveló todo el horror de lo que había acontecido en ese lugar.

Allí, en tres cacerolas, había un guiso con un cerebro humano. Un caldero de hierro contenía sangre seca, una tortuga asada y otro cerebro humano. En el área general del fogón había velas consumidas, una cabeza de cabra y parte de un pollo.

La policía estaba al tanto de que las infames actividades de contrabando de drogas
de El Padrino incluían los homicidios, pero aún frente a este completo horror, no tenían la más remota idea del alcance de los asesinatos que irían a descubrir. Los cuatro reclusos fueron interrogados con respecto al homicidio. Todos confesaron, narrando un horror tras otro a los estupefactos agentes. Al final, la policía encontró un total de 15 cadáveres, incluido el de Mark Kilroy. Constanzo, Sara Aldrete y demás miembros del culto fueron rastreados hasta su escondite en un apartamento de Ciudad de México. Un ejército de 80 funcionarios encubiertos y 110 policías uniformados rodearon el edificio. Al verse perdido, Constanzo entró en un pequeño armario con su amante Martín Quintana. Entonces le ordenó a Álvaro de León que les disparara a ambos a través de las delgadas paredes del mueble. El Padrino, el satánico capo de la droga, había dejado de existir. El resto de sus compañeros narcotraficantes y adoradores fueron arrestados. l

Acerca de superocker

Me gusta el rock, el cine y las chicas

Publicado el diciembre 30, 2011 en Desapariciones y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: